Panyfiestas
martes, junio 19, 2007
Hablando de enfermeros
"Pero, ¡este Peter!, ¿cómo va a elegir ser enfermero?". Algo así reclamó Catalina, mientras mirábamos algún capítulo entre el 10 y el 14 de Héroes, en el que se mostraba el momento del festejo por el título de enfermero obtenido por Peter Petrelli. "¿Por qué no siguió medicina?" siguió protestando. "A los enfermeros les pagan re-bien, allá en Estados Unidos", acotó Peri.
En ese momento, les iba a contar una historia, real, pero si empezaba a contarla íbamos a tener que parar el dvd durante media hora...

Como todos saben, el hijo mayor de mi amiga Carola, mi sobrino Juan Lucas, estuvo internado durante dos semanas por neumonía. Dejaré para otro momento la responsabilidad que tuvo su (ex) pediatra al respecto y me voy a focalizar en lo que me contó Carola mientras fui de visita al Centro Gallego, el lugar donde estaba internado. En voz baja, mirando por sobre mi hombro a ver si no entraba nadie, comenzó a contarme una historia tan tenebrosa que podría, tranquilamente, convertirse en una de terror.

Desde principio de año, cada vez que los chicos se enfermaban, Carola llevó a sus hijos a la guardia del Centro Gallego y siempre quedó satisfecha con la atención de los médicos. Por eso no dudó en volver para algo más grave. Pero, pequeño detalle, nunca había pasado de la zona de guardia... Del otro lado, en la parte de internación, los médicos casi no influyen sobre los pacientes. Una vez que el diagnóstico está dado, que el tratamiento está ordenado, todo queda en mano de los enfermeros. Cuando los enfermeros trabajan bien, uno no suele darse cuenta de lo importante que son. Pero cuando no hacen su trabajo, como tuvo que sufrir Carola, es otro cantar.

Al llegar a la habitación designada, en la cama 1 había una nena. Cada vez que llegaban las enfermeras, la madre de la nena se les tiraba encima, revisaba absolutamente todo lo que hacían. Carola supuso que la madre era una paranoica, una desconfiada.

Al poco tiempo, a Juan Lucas le pusieron oxígeno. Carola vio que la nena de al lado, además del oxígeno, tenía un recipiente con agua, para que no se le secara la nariz. "¿Y a mi hijo no le van a poner el agua?", reclamó. "Pssssss..." contestó la enfermera, donde psssss es igual a ¿vos qué sabés? Al día siguiente, Carola tuvo que exigir que le pusieran el recipiente con agua, ya que a Juan se le secó la nariz. Y eso fue el puntapié inicial.

Cada vez que el agua se acababa, Carola tenía que llamar a una enfermera para que lo rellenara. Inclusive una le preguntó si sabía qué tipo de agua le ponían...

Cada vez que el analgésico se acababa, Carola tenía que llamar a una enfermera para que le pusieran otro, porque nunca se venían a fijar ni tenían calculado cuánto tiempo iba a durar...

Cada vez que la vía se le salía, Carola llamaba a una enfermera para que se la pusiera otra vez, y cuando le decía "y la mitad del analgésico ya se le cayó", la enfermera no volvía con otra bolsa...

¿Esto es terrible? Hay cosas peores...

Cada vez que una enfermera venía con la medicación para las dos camas, podía suceder lo siguiente:

- que dejara los remedios equivocados, y entre las madres se los intercambiaran
- que dejara la bandeja con los remedios sobre una mesa y les dijese "agarren el que les corresponda"
- que insistiera en ponerle una vía a una beba de 6 meses, luego de que el médico estuviese durante 40 minutos explicándole a la madre por qué no le ponían la vía, para ponerle un remedio... ¡que era para Juan Lucas!

Carola llegó a cuatro conclusiones:
- aquella madre que vio el día que entró a la habitación no era paranoica, no era obsesiva, sabía que las enfermeras hacían cualquier cosa y por eso actuaba así.
- en el Centro Gallego ponen a chicos con enfermedades similares en la misma habitación, cosa que, si se equivocan de remedio, al menos no sea tan grave.
- una vez que el tratamiento está dado, la vida del paciente queda en manos de los enfermeros
- nunca, nunca más volverá a pisar el Centro Gallego.


Así que Cata, ¿ves?, el mundo necesita enfermeros como Peter Petrelli, Abby Lockhart y Carol Hathaway.